Detector de humo y su funcionamiento

Desde que allá por 1902 George Andrew Darby patentara en Inglaterra el «indicador eléctrico de calor y la alarma de incendios», se ha recorrido un gran camino en lo que a la prevención de incendios se refiere. El aparato de Darby, que tras muchas mejoras de diseño daría lugar a los actuales detectores, indicaba cualquier cambio de temperatura en el lugar en donde estaba colocado, pero no tenía en cuenta el humo procedente de estas fuentes de calor, sin duda, uno de los aspectos más importantes a observar a la hora de alertar ante un peligro de estas características.

El humo

Según los expertos, el elemento más peligroso de un incendio es el humo ya que alrededor del 80% de las víctimas mortales fallecen por asfixia a causa suya.

Un pequeño incendio puede ser originado por un fuego controlable pero, sin embargo, generar una enorme cantidad de humo que en espacios no ventilados conlleve a una grave afección del sistema respiratorio de los individuos expuestos a él en un breve periodo de tiempo.
El humo está compuesto de pequeñas partículas líquidas y sólidas en suspensión cuyos tamaños oscilan entre 0.005 y 0.01 milimicras. Las mucosas de nuestro cuerpo al contactar con las partículas de humo se irritan de forma inmediata. Paralelamente, en los ojos se produce un lagrimeo dificultando enormemente la visión. Además, el humo bloquea el paso de la luz, por lo que hace mucho más difíciles cualquier trabajo de extinción, así como el rescate durante las labores de salvamento.
Puede llegar a ser inflamable o provocar deflagración en determinados casos si se dan ciertas condiciones, lo que aumenta enormemente su peligrosidad.
En un incendio una gran parte de los materiales que se queman se transforman en gases, que se mezcla con el oxígeno que respiramos. La cantidad y la toxicidad de estos gases dependen de los materiales implicados en el incendio.

En los casos más graves, si el porcentaje de oxígeno en aire es tan sólo del 6% se produce el colapso del sistema nervioso, si la proporción de oxígeno desciende por debajo del 5% el ser humano no puede sobrevivir más de 7 minutos.

El funcionamiento del detector de humo


Para ayudar a alertarnos sobre posibles incendios utilizamos unos dispositivos instalados en el hogar o negocio llamados detectores de humo, que perciben la presencia de humo en el aire en mínimos porcentajes y proceden a hacer saltar la alarma.


El detector de humo del sistema de seguridad de Sector Alarm está permanentemente conectado con una central receptora de alarmas 24 horas los 7 días de la semana, e independientemente de que el sistema esté armado o no, si este detecta algún indicio de humo emite una fuerte señal que alerta a quien se encuentra en el domicilio o local, y se comunica con su central receptora, para avisar del peligro de incendio.
Pero las acciones continúan, el sistema, al estar vinculado con un detector de movimiento con cámara, realiza a través de ellas 5 disparos que envía automáticamente también a la central receptora para que nuestros técnicos las evalúen y se pongan en contacto con el propietario y con los servicios de emergencia pertinentes en cada caso con el fin de proteger del peligro o incidente.


En el mercado, existen detectores de dos tipos, ópticos e iónicos, aunque estos últimos están muy restringidos ya desde hace años al contener americio, un componente radioactivo, que está sometido a una estricta regulación en su uso y gestión de su eliminación.
Los habituales son, por tanto, detectores de tipo óptico, que pueden percibir los humos visibles mediante la absorción o difusión de la luz. Su tecnología utiliza un sensor óptico, éste recibe un haz de luz que fluye entre una fuente emisora y receptora, y cuando las partículas se interponen en él, lo detecta y hace saltar la alarma.
Ahora que somos más conscientes de la gravedad del humo, así como de la importancia de su prevención, podemos observar que, si un buen sistema de alarma es de suma importancia, hay ocasiones, como cuando la intoxicación se produce mientras estamos dormidos, en cuyo caso la comunicación y la respuesta inmediata de una central receptora puede ser crucial.